
Posteado por losdoslados en 04/11/2007 11:41
lujo
Capítulo Milésimo quincuagésimo quinto: Cuando se cierra una puertaa la felicidad, se abre otra; pero a menudo nos quedamos tanto tiempomirando la puerta cerrada que no vemos la que se nos ha abierto".
El otro día alguien me preguntó si me gustaba el lujo. Dado que mi carácter me hace huir como alma que lleva el diablodel despilfarro, de los excesos y de toda apariencia opulenta,brillante o lujosa (mi sueño infantil era ser invisible y aún, a estasalturas, no pierdo la esperanza de llegar a conseguirlo) mi primeracontestación fue un no rotundo. Al cabo de un rato, me di cuenta de quemi respuesta fue muy precipitada. Había asociado el lujo con elsignificado más habitual: la ostentación de la riqueza, los objetoscaros, las marcas selectas o los lugares innecesarios para la mayoría.Si hubiera meditado un poco más me habría dado cuenta de que el lujo noes sólo poseer coche, joyas, yates o mansiones. Hay una segundaacepción de la palabra que supone disponer de abundancia de tiempo ypoca necesidad de dinero. Al fin y al cabo, el lujo supremo es tener lalibertad necesaria para elegir lo que te gusta y rechazar lo que tedisgusta, decir lo que piensas, vestir como quieres y hacer en cadamomento lo que consideras más oportuno.
No tuve en cuenta quehay lujos y placeres nada sofisticados, tan sencillos y baratos comodarse un baño relajante, un paseo por el campo, caminar descalzo por latierra húmeda o dormir una buena siesta. Y no sólo son lujos esostópicos a los que siempre echamos mano cuando nos ponemos cursiscontando las virtudes de contemplar el fuego, escuchar el ruido delagua, oler el aroma de una flor o comer fruta recién cogida del árbol.También pueden ser placeres refinados -y al alcance de cualquiera-nuestras rutinas más cotidianas: despertar un domingo y asomarte a laventana para contemplar a la gente, salir a comprar el pan recién hechopara untarlo después con mermelada de calabaza (la de Helios esinsuperable) y beber un buen tazón de café con leche, mientras hojeasperezosamente el periódico al sol de mediodía, o, si es invierno y hacefrío, abrigarte con un suave jersey de lana o meterte en la camacaliente y leer un libro hasta que entras en calor y el sueño tederrota.
Es así, el placer no es un asunto de propiedades oconquistas. Se acerca más a un estado de ánimo que tienen mucho que vercon la tranquilidad, la confianza, el propio sosiego y el de cuantosnos rodean. Lo que más nos aleja de él, en consecuencia, es todoaquello que produce confusión, envidia o remordimiento.
Sí, me gusta el lujo. Ya lo dijo Sócrates (que a su vez lo tomó prestado de un graffiti en las paredes del templo de Delfos): "conócete a ti mismo, y lo demás irá sobre ruedas".
Comentarios (1):
El 14/10/1973, a las 04:04:37,
http://fotolog.terra.com.ar/shopo_nanuz
dijo:
Me siento obligado a enviar este mensaje, es extraño pero funciona!! Envía este mensaje a 10 personas y después ves a la web
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